Uno de los objetivos de la primera entrevista es definir, junto con nuestro paciente, cuáles son sus objetivos terapéuticos.
¿Qué quiere lograr con este proceso?
¿Hacia dónde vamos a caminar juntos?
Es muy importante dejar estos objetivos claros para asegurarnos de que nuestras intervenciones estén alineadas con lo que nuestro paciente desea lograr.
Cuando no definimos objetivos, el proceso va a la deriva. Y muchas veces, nuestros objetivos y los de nuestro paciente no coinciden.
Eso genera fricción en el proceso y también frustración en nosotras, especialmente cuando el paciente viene porque no quiere estar mal, pero tampoco quiere estar bien.
Sólo quiere “zafar”, sufrir un poco menos, hacer que su malestar sea más tolerable... pero nada más.
Y sí, es frustrante encontrarnos con esto.
Todas nosotras llevamos en el corazón el deseo de que nuestros pacientes sanen de verdad, en profundidad, desplieguen su potencial y vivan una vida plena.
Pero esos son nuestros objetivos.
No necesariamente los de nuestros pacientes.
¿Qué hacemos en estos casos?
¿Cómo acompañamos sin empujar?
¿Cómo respetamos el momento del otro, tolerando al mismo tiempo nuestra propia frustración?
No podemos acompañar a un paciente hacia un lugar al que él todavía no quiere ir.
En el episodio de hoy profundizamos en este tema. Escuchalo aquí:
Espero que este episodio te ayude a reflexionar y profundizar en tu práctica.
Y compartime en comentarios qué quedó resonando hoy en vos.
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Ani | Lic. en Psicología
Especialista en Abordaje del Trauma integrando psicología, neurociencias, terapia floral y mirada sistémica.


