Nunca interpretar, siempre preguntar
¿Cuándo interpretar deja de estar al servicio del paciente y se convierte en un ejercicio de poder del terapeuta?
En la facultad de psicología y en muchas formaciones terapéuticas, nos enseñan a interpretar, a analizar lo profundo más allá de lo aparente.
Es muy importante que sepamos hacer lecturas más profundas, pero cuándo interpretar deja de estar al servicio del paciente y se convierte en un ejercicio de poder del terapeuta?
Hay dos grandes formas de interpretar: una es hacer hipótesis y la otra es hacer teorías.
La diferencia es que cuando hacemos una hipótesis, sabemos que tenemos que chequearla con el paciente. Una hipótesis puede ser verdadera o falsa.
En cambio, cuando interpretamos algo y no lo chequeamos, construimos una teoría alrededor del síntoma y la historia que nos contamos del paciente. No chequeamos. No estamos al servicio del paciente.
Cuando tu paciente dice: siento inseguridad…
¿hacés preguntas específicas? le preguntás qué es inseguridad para él o ella? ¿o asumís que inseguridad significa lo que vos creés que significa?
Cuando tu paciente dice que siente ansiedad, chequeas cómo es la ansiedad que siente? cómo la siente en el cuerpo, si es ansiedad o es otra emoción, a qué se refiere exactamente con ansiedad? o asumís que ansiedad es lo que vos creés que es?
Para ser buenas terapeutas, tenemos que ser “tontas”, tenemos que hacer más y más preguntas, para construir hipótesis al servicio del paciente y no teorías.
Este jueves vamos a reflexionar sobre este tema, porque muchas veces confundimos hipótesis con teorías, sin darnos cuenta.
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Ani. Lic en psicología, terapeuta floral, consteladora. Especialista en Abordaje del Trauma e Integración Clínica

