Una de las características del trauma es que nos impulsa a repetirlo. Sí, recreamos en el presente esas situaciones y relaciones que tanto nos dañaron en el pasado.
Por supuesto, no lo hacemos de manera intencional ni consciente. Es un proceso impulsado por la neurocepción: nuestro sistema nervioso se siente seguro en lo familiar, en lo que conoce, aunque eso sea dañino. Y, al mismo tiempo, se siente en peligro frente a lo nuevo, aunque eso nuevo sea justamente lo que más anhelamos.
Cuando ya llevamos recorrido un camino de sanación, nos volvemos más conscientes de nuestras heridas. Y cuando aparece una relación conflictiva o una situación adversa, muchas veces se abre una pregunta:
¿Soy yo, es mi trauma, es mi herida... o es el otro?
¿Soy yo quien se siente rechazada o de verdad el otro me rechaza?
¿Es mi herida de abandono la que se activó o el otro realmente no es consistente en el vínculo?
¿Este enojo es una respuesta adaptativa que me protege en el presente o es la activación de un enojo del pasado?
La respuesta es compleja. Muchas veces son ambas cosas.
Y en el episodio de hoy profundizamos en una idea que, para mí, puede transformar nuestra manera de comprender los vínculos:
Sanar no significa dejar de mirar el trauma.
Significa dejar de explicarlo todo a través del trauma.
Escuchalo aquí:
Espero que este episodio te ayude a reflexionar y profundizar en tu práctica.
Y compartime en comentarios qué quedó resonando hoy en vos.
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Ani | Lic. en Psicología
Especialista en Abordaje del Trauma integrando psicología, neurociencias, terapia floral y mirada sistémica.


