No toda activación es desregulación. No todo llanto es crisis de angustia, no todo silencio es disociación.
Como terapeutas, abordamos el dolor humano. La activación emocional es inevitable. Durante un proceso, el paciente va a sentir tristeza, va a llorar, va a sentir miedo, enojo, pena, culpa, ansiedad… en fin, toda la gama de emociones humanas.
Es normal sentir emociones y que esas emociones se vuelvan más intensas cuando trabajamos temas profundos y dolorosos.
La desregulación es diferente. Tiene esa cualidad Cherry Plum de descontrol: el paciente está desbordado por la emoción, no puede contenerla. En términos de sistema nervioso, hablamos de un secuestro emocional: la amígdala declaró emergencia y anuló la corteza prefrontal.
La otra cara de la desregulación es la disociación, el entumecimiento, el colapso vagal-dorsal.
En ambos casos, lo que se repite es que lo que se siente desborda y se activan los mecanismos de supervivencia.
Nuestro rol es afinar nuestra mirada clínica para dosificar la intensidad de nuestras intervenciones: activar sí, porque para sanar una herida hay que entrar en contacto con ella; desregular, no.
En el episodio de hoy te cuento algunas claves para diferenciar activación de desregulación. Escuchalo aquí:
Espero que este episodio te ayude a reflexionar y profundizar en tu práctica.
Y compartime en comentarios qué quedó resonando hoy en vos.
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Ani | Lic. en Psicología
Especialista en Abordaje del Trauma integrando psicología, neurociencias, terapia floral y mirada sistémica.


